CARGA MÍNIMA: QUÉ SE NECESITA PARA HACER UN VIDEOCLIP
Por/ Fera Zuccarelli

La inspiración llegó de algo que no tiene nada que ver con los videoclips (a primera vista): la carga mínima. Durante una pasantía, me mandaron a cargar datos en un excel para hacer el inventario de una biblioteca. Ahí logré entender de qué se trataba: contar con lo básico que se necesita para arrancar sin colapsar. No lo óptimo, no lo ideal. Lo mínimo. 

¿Cuál es la carga mínima de un videoclip?

Lejos de romantizar esta idea y también de resignarnos, es fundamental abrir la bitácora para compartir y construir formas para llevar adelante proyectos que nos representen y, al mismo tiempo, expongan y cuestionen las condiciones en las que vivimos/hacemos. Porque, ¿para qué seguir pretendiendo que somos o queremos ser parte del mainstream? ¿A quién le sirve esa utopía? 

El proyecto que estamos llevando adelante con mis compañerxs de VETEA Producciones para EsZahir, no fue la excepción. Junto a Aldana Toledo, co-dirigimos el proyecto, y si no fuese por el trabajo de Nathy Zarza y Milagros Fernandez en producción, y amigxs que se sumaron a ayudar durante el rodaje, este videoclip no se hubiese podido realizar.

Además del presupuesto que aportó lx artista, complementamos con rifas, fechas a la gorra, y muchos meets. Encontramos locaciones baratas. Las perdimos. Encontramos otras. Se nos cortó la luz en el scouting. Se nos cortó la luz en el rodaje. Alguien dijo “generador”, y a los 30 segundos ya estábamos haciendo cálculos delirantes sobre cuánto cuesta la nafta y si entraba un generador en el auto de nuestra amiga (claramente, no). Finalmente optamos por cambiar las puestas y adaptar el plan de rodaje. El proceso no fue lineal.

Puesta para el rodaje de EsZahir en Casa Marilyn. Arte por @ferazuccarelli @en.ramado @majodisanti

Algo parecido nos había pasado durante el taller de realización de videoclips, en el que participamos, brindado por Estudio Urbano. Ahí, acompañados por Lau Manson, realizamos tres videoclips para artistas independientes, que estaban a punto de lanzar un nuevo sencillo. Ese espacio funcionó como una gran fuente de aprendizajes, no solo técnicos, sino también de formas creativas y colectivas de pensar y hacer videoclips. 

En ambos casos, persistió la pregunta: ¿hasta qué punto se necesitan más cosas para que un videoclip funcione? Porque la idea ya estaba. La historia también. Sin importar si era fragmentaria, o si cambiaba cada semana.

Retomando las palabras de Ursula K. Le Guin: las historias no son hazañas heroicas contadas en línea recta. Todas las personas hacemos cosas, y en ese sentido, como realizadorxs de videoclips, necesitamos entender a nuestras historias como una bolsa, la bolsa de la ficción, donde se va guardando todo lo que encontramos en el proceso. Cosas que lxs artistas y lxs miembrxs de los equipos traen al proyecto, que no hacen sentido por separado, pero que, juntas, cuentan algo. Lo que logremos juntar en esa bolsa es, para mí, la carga mínima de un videoclip.

Dirección de Fotografía @zoegalleano - Registro del back @magalicristoforo - Maquillaje @pantha.mkp - Copro @mrsebxs

Resultado ¿final?

Se puede aprender al hacer. Eso lo sé gracias al equipo de personas con las que trabajo y a todas las que crucé en el camino. Cada pasito abre una pregunta, y esa pregunta te lleva a alguien, y ese alguien te enseña algo (directa o indirectamente). El saber no viene antes, sino durante. A veces incluso después.

Paul B. Preciado dice algo hermoso en una de sus entrevistas, en referencia a su producción “Orlando, mi biografía política”: el arte audiovisual no debería estar reservado a los que siempre lo contaron todo. Hace falta abrir el campo visual a otras narrativas. Que haya más cuerpos, más formas, más idiomas. Más maneras de decir lo que sentimos. El videoclip hecho con carga mínima, es eso: un intento de meter en el mundo una historia que, por muy rara, personal, aburrida, monótona, simple, compleja o delirante que parezca, existe y merece ser contada, ¿de qué va a comer el mainstream sí no?.

La identidad está en la textura

Mirar para atrás y ver la cantidad de decisiones que se tomaron en base al “bueno, esto es lo que hay” me resulta fascinante. El lente ideal no apareció, pero apareció uno que más o menos funcionaba. La escenografía se armó con cosas prestadas, ramas secas y luces navideñas. La cámara no era nuestra y el miedo a que se nos caiga era proporcional al amor y agradecimiento hacia la persona que nos la prestó.

Los obstáculos no fueron trabas, sino textura. Identidad, parte de una forma de hacer que no busca imitar a los grandes sets californianos, sino inventar algo desde donde estamos. No es romanticismo, ojalá tuviésemos toda esa guita. Es la postura política de quién no sabe vivir sin hacer. De quién se rehúsa a pensar que la voz tiene que ser de quienes hablan bien y bonito.

Cuando tenga plata…

Y sí, ojalá tuviéramos más presupuesto, contratos dignos, más tiempo para pre-producir, y menos estrés. Mientras eso no pasa, ¿cuál es la alternativa?. Elijo escuchar las ideas entendiendo que ellas nunca piden demás.

Es un poco contradictorio, porque mientras escribo esto, sé perfectamente que un videoclip independiente vea la luz, significa que alguien trabajó aceptando una mínima cantidad de guita por su trabajo, que se juntó gracias a que el equipo logró recaudar fondos (o incluso poniendo plata de sus bolsillos). Todo con la esperanza de que un proyecto se haga realidad y que unx artistx pueda hacer de su música un viaje audiovisual.

Estamos en un contexto de alta precarización. La crew que lleva adelante nuestras producciones, directorxs, realizadorxs, productorxs, todxs  Nadie es perfecto, todes cometemos errores y tenemos contratiempos. Entonces, mi último consejo sería que no pierdas de vista lo que va a hacer tu videoclip diferente: humanidad. No es todo a toda costa, y el fin no justifica los medios.  A veces un descanso y una charla pueden hacer la diferencia durante una jornada de mucha presión y/o expectativas.

Queridx realizadorx, guau, ¡te fumaste toda la nota! Supongo que entonces puedo decirte esto: tenemos que aprender de las ideas. Que nuestros videoclips sean un experimento colectivo, un rejunte de experiencias y voluntades que decidieron confiar en una historia.

M. Fera Zuccarelli (Mercedes, Buenos Aires, 1999) reside en la ciudad de La Plata. Es comunicadora y se dedica a contar historias en múltiples formatos. Actualmente, además de trabajar profesionalmente en marketing y comunicación, es pasante de investigación en la UNLP, directora de arte, guionista, compositora y baterista en proyectos musicales junto a sus amigues. Eventualmente, duerme.

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